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Estos laxantes actúan arrastrando agua al
interior del colon, lo que ayuda a ablandar las heces y facilita su
circulación y su salida al exterior.
Los laxantes como la sal de Epsom o epsomita (sulfato de magnesio
heptahidratado), funcionan de una forma similar a los aumentadores del bolo
fecal, pues atraen agua al interior del colon para ablandar e hinchar las
heces. Los laxantes osmóticos, sin embargo, no sólo arrastran agua del propio
colon, sino que también recogen agua procedente de los tejidos y vasos
sanguíneos circundantes. Por lo tanto, es muy importante que las personas que
utilicen este tipo de laxantes beban gran cantidad de líquidos (sobre todo
agua), para prevenir desequilibrios debidos a una pérdida excesiva de fluidos.
Los laxantes osmóticos pueden contener sales minerales que se absorben en el
intestino, por lo que, probablemente, no sean muy aconsejables para personas
con la tensión arterial elevada, con enfermedades de corazón o con
alteraciones renales. Si usted tiene alguna de estas enfermedades, consulte
con su médico antes de tomar esta clase de laxantes.
Los laxantes basados en azúcares y alcoholes, como la lactulosa y el lactitol,
son fermentados en el intestino, con formación de moléculas de ácidos que
estimulan los movimientos de los músculos intestinales. La primera vez que se
utilizan, pueden tardar hasta tres días en hacer efecto y pueden causar
molestias debidas al exceso de gases acumulados en el intestino. |
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